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9) Universidad de Leipzig

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9) Universidad de Leipzig

Mensaje  Takos el Vie Sep 23, 2011 1:51 pm

Este artículo todavía está en desarrollo

______________________________

El siguiente texto ha sido tomado de la Biografía de Nietzsche publicada en http://www.paginasobrefilosofia.com/html/index.html

______________________________


Nietzsche, posiblemente en 1865.
(Fuente: http://www.skafka.net )

Nietzsche llega a Leipzig el 17 de octubre de 1865. Aquí vivió hasta la primavera de 1869 -con interrupciones debidas al servicio militar- años decisivos de estudiante universitario. Despues de una larga búsqueda de hospedaje, alquiló, junto a su amigo Mushacke, a un viejo librero llamado Rohm, una habitación, ya en el suburbio de la ciudad, en la calle Blumengasse (1) (hoy la calle Scherl) en el número 4.


Hermann Mushacke (1845-1906),
amigo de Nietzsche en Bonn hasta el período de estudios en Leipzig.
(Fuente: www.nietzscheana.com.ar )

Una de las primeras cosas que hizo Nietzsche en Leipzig fue desvincularse totalmente de la Asociación de los francones a los que que había pertenecido en Bonn. La siguiente fue tomar la firme decisión de trabajar seriamente en relación con la Filología. De todos modos, aunque trabajó seriamente en este campo, la filología siempre la entendió como un medio y no como fín. Le ofrecía imágenes de un mundo grandioso, pero indefectiblemente muerto. Por ello, aunque le fue, hasta 1879, profesionalmente fiel siempre se aproximó a ella con ojos de artista. Aunque aprendió la técnica rigurosa y llegó a dominarla, el nivel de puro ejercicio técnico con ella siempre lo dejó, como veremos, insatisfecho.


Friedrich Wilhelm Ritschl (1806-1876),
profesor de filología clásica en Bonn y luego en Leipzig.
Maestro de Nietzsche.
(Fuente: wikimedia.org )

De todos modos, es evidente que se entregó con celo a su estudio, de la mano de su maestro Ritschl al que siempre respetó y admiró. Puede verse como describe Nietzsche la lección inaugural (2) de Ritschl el 25 de octubre de 1865. Nietzsche asistió a los cursos de Ritschl, pero no se dedicó a copiar apuntes. Le interesaban otras cosas (3).

Pero antes de dedicarse con todas sus fuerzas a su objetivo filológico, Nietzsche experimentó una vivencia espiritual llamada a ejercer sobre él una influencia duradera. La mismo nos cuenta como llegó a descubrir el pensamiento de Schopenhauer (4). La primera lectura de El mundo como voluntad y representación de Schopenhauer debió tener lugar entre finales de octubre y comienzos de noviembre de 1865. El libro correspondía enteramente a los estados de ánimo que dominaban en Nietzsche: desprecio a los hombres, desesperación y necesidad de redimirse mediante un arte libre de todo interés que tenía su forma más pura en la música que Nietzsche tanto amaba. Por otro lado, frente a falta de sentido de la existencia, era necesario seguir el camino del asceticismo.

El estado de ánimo de Nietzsche por estas fechas lo describe claramente la carta que el 5 de noviembre de este año escribe a su madre. En esta época, sin embargo, Nietzsche no aspiraba a hacerse con conocimientos de tipo filosófico en general. Ni siquiera asistió a los cursos de filosofía que se impartían en la Universidad. Dos cosas le hicieron desistir de tal idea: una, los virulentos ataques de Shopenhauer a todos los filósofos de cátedra; la otra el encuentro personal con el filósofo Schaarschmidt, ante quien Nietztsche y Deussen se miraron con asombro y se preguntaron: "Así, pues, ¿esto es un filósofo?". Por todo ello, la filosofía decidió estudiarla en los libros. Por otro lado, la revelación filosófica del contenido trágico de la vida presente en Schopenhauer no implicó que Nietzsche abandonará la Filología. Sin embargo, ésta estará siempre condicionada, a partir de ahora, por la filosofía.

El 4 de diciembre de 1865 Ritschl invitó a cuatro de sus estudiantes más aventajados (entre ellos a Nietzsche) y le propuso fundar una Asociación Filológica en donde publicar sus trabajos. Nietzsche aceptó encantado. A partir de ahora Nietzsche comienza a sacar a la luz una serie de trabajos relacionados con la Filología. Pudiera parecer que Nietzsche debería estar orgulloso y totalmente satisfecho. Sin embargo, ello no era así. Puede verse lo que comenta a Rohde en carta fechada el 1-3 febrero de 1868 sobre uno de los premios a sus trabajos.


Reunión de la Sociedad Filológica de Leipzig, en 1866.
Nietzsche está de pie (3º desde la izquierda).
(Fuente: wikimedia.org)

Toda esta intensa vida espiritual no implica que a Nietzsche haya que considerarlo como un ratón de biblioteca o un ermitaño sedentario. Llevaba una vida de estudiante libre que visitaba asiduamente bares y café (Café Kintschy) en donde leía los periódicos y discutía con sus amigos. En esta época es de destacar el inicio de su íntima amistad con Erwin Rohde. Además, sabemos que por estas fechas de Leipzig estuvo en tratamiento médico a causa de una infección sifilítica. No parece que tratamiento causara en Nietzsche una profunda impresión. Parece que lo asumió como un episodio sin importancia y sin mayores consecuencias. A la larga, sin embargo, no sería así. El médico psiquiatra Lange - Eichbaum nos dice: Un conocido médico berlinés del sistema nervioso me comunicó que Nietzsche había cogido en su época de estudiante, una infección luética en un prostíbulo en Leipzig y que había sido tratado contra la sífilis por dos médicos de Leipzig. De todas formas, la mayoría de los documentos relacionados con este asunto fueron destruidos (cartas de Möbius). Lo que si parece ser cierto es que la parálisis ulterior, que llevará a Nietzsche al derrumbamiento, unicamente tiene su causa en una sífilis.

A finales de junio de 1867, Nietzsche se forjó el proyecto de trasladarse a Berlín el semestre siguiente con el objeto de llevar a cabo en esa ciudad el servicio militar.


_______________________

NOTAS:

(1) Recuerdos de Nietzsche en la Calle Blumengasse de Leipzig
«Aparte de libros tiene también, por desgracia, hijos pequeños, que gritan mucho. El aire es puro, la casa está rodeada de huertos llenos de flores, hay un silencio casi solemne, sólo roto por los ruidos de una fábrica de cajas fuertes y de los ya citados hijos pequeños»
Y añadía:
«Hoy hace cien años que se matriculó el estudiante Wolfgang Goethe.» «Fue el 17 de octubre de 1863 cuando llegué a la estación de Leipzig, proviniente de Berlín, con mi amigo Mushacke... Al día siguiente me apunté en la secretaría de la Universidad; se trataba, precisamente, del día en el que se cumplían los cien años de la inscripción de Goethe, un día que la Universidad celebraba con la edición de un libro conmemorativo y con la concesión solemne de los últimos doctorados. No puedo decir lo agradable que me resultó este casual acontecimiento; lo asumí como un buen presagio de cara a mis años de Leipzig, y el futuro tuvo buen cuidado de que hoy pueda, efectivamente, ratificarlo como un buen presagio. El rector de entonces, Kahnis, nos intentó hacer ver... a todos los recién ingresados que todo genio sigue su camino propio y específico, por lo que no teníamos por qué tomar la época de estudiante de Goethe como un modelo a seguir. Dimos respuesta con una sonrisa furtiva a la alocución de aquel hombrecillo vivaz y redondo como una bola y formando un círculo en torno suyo que se disolvió en seguida fuimos dándole el usual apretón de manos. Más tarde nos dieron nuestros papeles.»

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(2) Lección inaugural de Ritschl:

«El primer acontecimiento grato que viví fue la primera aparición en público de Ritschl, que había desembarcado con toda felicidad en su nueva costa. De acuerdo con la costumbre académica tenía que dar su lección inaugural en el Aula Magna abierta a cuantos quisieran asistir. Había gran expectación en torno a la aparición de hombre tan famoso, de un hombre cuyo comportamiento en los asuntos de Bonn había puesto su nombre en todas las bocas y hasta lo había llevado a los periódicos. La comunidad académica hizo, en consecuencia, acto de presencia en su práctica totalidad, así como numerosos no estudiantes que se fueron procurando un lugar en el fondo de la sala.

Apareció Ritschl acto seguido en la gran sala, deslizándose sobre sus grandes zapatos de fieltro, aunque, como era de esperar, con un impecable traje de ceremonia con fajín blanco. Fue dirigiendo su mirada alegre y desenvuelta a su nuevo entorno y no dejó de descubrir pronto rostros que le eran familiares. Según iba adentrándose por la sala llegó incluso a exclamar: "Ah, ahí está el señor Nietzsche", haciéndome una señal vivaz con la mano.

Pronto reunió en torno suyo todo un círculo de discípulos de Bonn, con los que intercambió amablemente unas palabras, mientras la sala se iba llenando cada vez más y los dignatarios académicos ocupaban sus sitios. Al advertir esto último, subió con gesto jovial - desenvuelto a la cátedra y pronunció su hermoso discurso en latín sobre la utilidad y el valor de la Filología. Lo espontáneo y vivaz de su mirada, la enérgica juventud de su palabra, el fuego interior que daba intensidad a sus gestos, todo ello asombró al auditorio.


______________________

(3) Intereses intelectuales de Nietzsche en Leipzig:
«En ocasiones me sentía desasosegado e inquieto por esta falta de regularidad mía, pero pronto encontré la fórmula salvadora. En definitiva, de la mayoría de los cursos lo que me interesaba no era la materia, sino la forma como el maestro académico comunicaba a otros seres humanos su sabiduría. Mi participación más viva incidía, pues, en el método; y no dejaba de extrañarme de lo poco que en orden a los contenidos materiales se aprende en la Universidad y de lo mucho que, por el contrario, es valorada esta función de la misma. Vi, pues, con claridad que lo ejemplar y modélico del método, el modo de manejar un texto, etc., constituían, precisamente, el punto del que partía la irradiación capaz de ejercer una verdadera influencia. De ahí, pues, que me limitara a observar cómo se enseña, cómo se allega a un alma joven el método de una ciencia. Siempre me ponía yo en el lugar de un maestro académico y daba, desde este punto de vista, mi asentimiento o mi veredicto a los esfuerzos de conocidos docentes. Me esforcé, pues, más en aprender cómo se llega a ser un maestro que en aprender lo que normalmente se enseña en las universidades.


______________________

(4) Descubrimiento de Schopenhauer:

«Me sentía por aquellas fechas colgado del aire, solitario, sin principios, sin esperanzas, sin un recuerdo grato, y con algunas experiencias dolorosas y decepciones. Construirme una vida propia, una vida adecuada a mí mismo, era mi aspiración de la mañana a la noche... En el feliz apartamiento de mi vivienda alcanzaba a concentrarme, a adentrarme en mí mismo, y cuando me encontraba con amigos, éstos eran siempre Mushacke y von Gersdorff, quienes, por su parte, alentaban objetivos muy similares a los míos. Creo que no será difícil imaginar la impresión que, en esta situación, tenía por fuerza que causarme la lectura de la obra principal de Schopenhauer. Encontré un día este libro en la librería de viejo del anciano Rohm. Ignorándolo todo sobre él, lo tomé en mis manos y me puse a hojearlo. No sé que demonio me susurró: "Llevate este libro a casa". Ocurrió, en cualquier caso, contra mi usual costumbre de no precipitarme en la compra de libros. Una vez en casa me arrojé con el tesoro recien adquirido a un ángulo del sofá y comencé a dejar que aquel genio enérgico y sombrío influyera sobre mí. Toda línea gritaba en él renuncia, negación, resignación; tenía ante mí un espejo en el que podía contemplar el mundo, la vida y mi propio ánimo con una grandeza deprimente. Un espejo desde el que el ojo solar del arte me miraba desde su absoluta falta de intereses. Vi enfermedad y curación; destierro y refugio; infierno y paraíso. La necesidad de autoconocimiento, incluso de automasticación, se apoderó de mí con fuerza indomeñable; testigos de aquella mutación profunda son hoy todavía, para mí, las páginas desasosegadas y melancólicas del diario que llevé por aquellas fechas, con sus autoacusaciones inútiles y su desesperada búsqueda de salvación y reconformación del entero núcleo humano. En la medida en que procedí a someter todos mis rasgos y todas mis aspiraciones al tribunal de un sombrío autodesprecio, mi talante estaba lleno de amargura, poseído de un odio injusto y desenfrenado contra mí mismo. Ni siquiera renuncié a las mortificaciones corporales. Me obligué, en efecto, durante catorce días seguidos a acostarme a las dos de la noche y a levantarme exactamente a las seis de la mañana. Una excitación nerviosa muy singular se apoderó así de mí, y quién sabe hasta qué grado de locura no habría llegado de no haber operado, frente a aquel estado de ánimo mío, los atractivos de la vida, las sirenas de la vanidad y el imperativo de volver a mis estudios regulares.»


Arthur Schopenhauer (1788 – 1860).
(Fuente: commons.wikimedia.org )

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