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7) Pforta: Período final

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7) Pforta: Período final

Mensaje  Takos el Lun Sep 05, 2011 1:30 pm

______________________________

El siguiente texto ha sido tomado de la Biografía de Nietzsche publicada en http://www.paginasobrefilosofia.com/html/index.html

______________________________


Friedrich Nietzsche, 1864
(Fuente: www.wikimedia.org/)

El final del período escolar en Pforta representa la primera crisis seria de Nietzsche. Comenzaron a resultarle agobiantes tanto la estrechez de miras de la escuela como de su piadosa casa materna, así como el nivel intelectual de los dos amigos de Naumburg y la asociación Germania.

En relación con ellos, el distanciamiento fue cada vez a más y la crítica de Nietzsche pasa a ser dura y segura de sí misma en demasía. Resulta perceptible tanto el rigorismo tan desagradable que Nietzsche mostrará con sus amigos, como la ironía crítica que tanto daño podía causar. Todo ello provocó que, a partir de 1862, los escritos enviados por sus dos amigos cesaron por completo.

Es también evidente la manifestación de la crisis de pubertad que sacude violentamente sus sentimientos vitales, oscilando entre la veneración y la rebelión, entre el orgullo y el autoodio. De este tipo de sentimientos da fe el siguiente escrito que envió a su hermana:

No sé qué amo,
no tengo paz ni descanso
no sé qué es lo que creo,
¿por qué vivo aún, para qué
?

El 28 de julio de 1862, mientras leía el Emile de Rousseau, Nietzsche, envía a uno de sus condiscípulos, llamado Granier, y que luego se haría médico, un fragmento de novela títulado Euphorion, que nos muestra claramente cual era su estado de ánimo por estas fechas:

«La temprana aurora juega en el cielo con mil colores. Pero se trata de un fuego de artificio ya muy visto, que me cansa. Mis ojos echan chispas de un modo muy distinto; temo que hagan arder agujeros en el cielo. Siento que he abandonado enteramente el capullo. Me conozco muy a fondo y sólo deseo encontrar la cabeza de mi otro yo para diseccionársela, o mi propia cabeza infantil con rizos dorados... ay... hace veinte años...un niño... un niño... qué extraña suena la palabra.¿También yo he sido un niño, también yo he tenido que girar al compás del gastado mecanismo del mundo? Y ahora voy lenta y confortablemente - mera matraca de un molino con tambor- a remolque de esa cuerda a la que llaman fatum, hasta acabar podrido, hasta que el verdugo me soterre y sólo unas cuantas moscardas me aseguren aún un poco de inmortalidad?

Al hilo de estos pensamientos siento casi en mí una disposición a la risa. Pero entretanto, otra idea me inquieta: acaso surjan también de mis huesos florecillas, tal vez una "amable violeta" o incluso precisamente cuando el verdugo defeque sobre mi tumba- un no me olvides. Despues llegarán los enamorados... ¡Repulsivo¡ ¡Repulsivo! ¡Qué podredumbre! Mientras saboreo todas estas ideas sobre mi futuro porque me resulta más agradable pudrirme en la tierra húmeda que vegetar bajo el cielo azul, y mas dulce hormiguear como un grueso gusano que ser un hombre, ese signo de interrogación flotante, no deja de serenarme siempre el hecho de que haya hombres por la calle, hombres limpios, decentes, divertidos, variopintos, que van de un lado a otro. ¿Qué son? Sepulcros blanqueados, como en algún sitio dijo algún judío.

En mi cuarto reina un silencio de muerte... Ante mí un tintero, en el que ahogar mi corazón, unas tijeras, para ir acostumbrándome a cortarme el cuello, manuscritos, para restregarme el cuerpo, y un orinal.

Frente a mí vive una monja, a la que visito de vez en cuando para gozar de su decencia. La conozco perfectamente, desde la cabeza al dedo gordo del pie, mas exactamente de lo que me conozco a mí mismo. Antes era monja, una monja delgada y enjuta; yo era médico, y me las arreglé para que engordara en seguida. Con ella vire, en matrimonio temporal, su hermano, demasiado gordo y floreciente para mi gusto; me las ingenié tambien para adelgazarle, hasta hacerle parecer casi un cadáver. Morirá un día de estos, lo que no deja de resultarme agradable, ya que así podré diseccionarlo. Pero antes quisiera escribir la historia de mi vida, porque aparte del indudable interés que tiene, resulta de lo más instructiva de cara a hacer pronto de los jóvenes, viejos... en eso soy, sin duda, un maestro. ¿Quién la leerá? Mis otros yos, de los que en este valle de lágrimas tanto pululan. En este momento, Euphorion se reclinó un poco y comenzó a gemir, porque padecía de la espina dorsal...»

En esta época idolatra las figuras de Shakespeare y Byron. Tambien lee en 1862 El Príncipe de Maquiavelo.


Friedrich Nietzsche, 1864
(Fuente: www.wikimedia.org/)

La inquietud de esta época era tan grande que Nietzsche se convierte en un burlón y un cínico. Ello le llevó a buscar contacto con los compañeros de escuela que menos se sometían a la disciplina y la coacción escolar. Entró en estrecho contacto con Guido Meyer, muchacho dotado artística y físicamente. Era un excelente dibujante de caricaturas y en guerra permanente con los profesores y el orden de la escuela. Acabaron expulsándole. Nietzsche dirá a su madre que fue el hecho mas triste e injusto que sucedió en Pforta. Después de su partida, el 14 de abril de 1863, se emborracha, junto con Richter, en la estación de Kösen y son descubiertos por uno de los profesores de la escuela. Fue destituido como primus y pasado a un tercer lugar. Esta vez se sintió culpable, sobre todo, al comprobar lo mal que soporta el alcohol. En Ecce homo escribe sobre este tema:

«Cosa extraña, mientras que pequeñas dosis de alcohol, muy diluidas, me ocasionan esa extrema destemplanza, yo me convierto casi en un marinero cuando se trata de dosis fuertes. Ya de muchacho tenía yo en esto mi valentía. Escribir en una sola vigilia nocturna una larga disertación latina y además copiarla en limpio, poniendo en la pluma la ambición de imitar en rigor y concisión a mi modelo Salustio, y derramar sobre mi latín un poco de grog del mayor calibre, esto era algo que, ya cuando yo era alumno de la venerable escuela de Pforta, no estaba reñido en absoluto con mi fisiología, y acaso tampoco con la de Salustio, aunque sí, desde luego, con la venerable escuela de Pforta... Más tarde, hacia la mitad de mi vida, me decidí ciertamente, cada vez con mayor rigor, en contra de cualquier bebida "espirituosa".»

Otros poemas de esta época nos revelan a un Nietzsche escindido entre Dios y la verdad. Afirma que lo único que llega a llenarle es la nostalgia de la muerte.

Ay, si en mí cansancio del mundo
pudiera volar lejos,
y como la golondrina hacia el Sur
caminar hasta mi tumba:
el aroma de la tarde de estío alrededor mío,
y cintas doradas.
Aroma de las rosas de las coronas mortuorias
y risa infantil y discursos.

Se plantea también a que va dedicarse en su vida. Durante un tiempo tuvo la idea de dedicarse a la música: cuando no oigo música, todo se me aparece muerto, afirma en abril de 1863. Pero será el amor a la antigüedad lo que le decida dedicarse a la Filología:

Sólo en los últimos años de mi vida en Pforta abandoné, conociéndome al fin más exactamente a mí mismo, todo plan vital centrado en el arte; el hueco así abierto fue ocupado, desde ese mismo momento, por la filología.

Y es que Nietzsche, frente a su desasosiego interno, necesitaba, en esos momentos, de una ciencia que le obligara al estudio serio y fríamente lógico, aunque sus resultados no debieran dejar frío al corazón. Y eso se lo ofrecía en su época la Filología y científicos como Steinhart o Corssen. Su interés por la filología le llevó, siendo alumno del último curso, a realizar un comentario al primer coro del Edipo Rey, que prefigura lo que será posteriomente su Origen de la Tragedia:

«En tanto que el drama de los germanos se ha desarrollado a partir del epos, a partir de la narración épica de materias religiosas, el drama griego hunde sus raíces en la lírica, combinada con elementos musicales.» La impresión trágica tomó cuerpo entre los griegos «por la vía de las grandes escenas llenas de pathos, de los lirismos de gran aliento, en buena parte musicales, en los que la acción era de muy poca monta, en tanto que el sentimiento lírico lo era todo... El coro y las escenas llenas de pathos engloban, por tanto, uno de los momentos más importantes y decisivos de cara al éxito del drama: la música de la tragedia».

«Todas las observaciones nos llevan a la necesidad de subrayar un mérito característico de los trágicos: su condición no sólo de poetas, sino también de compositores. Aún más: eran ambas cosas, una iba de la mano de la otra, y si a eso añadimos que también en las disposiciones en grupo y a su consecuencia, la orquestación, el arte escénico, tenían, según todos los testimonios, una gran maestría, que incluso eran ellos mismos actores y hasta importantes..., venimos a encontrarnos con que en sus obras de arte, obras en las que las artes más sublimes se encuentran armoniosamente unidas, figura y opera ya que la más reciente escuela musical propone como ideal de la "obra de arte del futuro".»

Es evidente que con las idea aquí desarrolladas siguió Nietzsche trabajando en años sucesivos hasta que después de su encuentro personal con Wagner, venga a publicar El origen de la tragedia.

El trabajo de fin de curso, el denominado trabajo de valedicción, lo realiza Nietzsche sobre Teognis de Megara. De todas formas se ha exagerado sobremanera la entrega personal de Nietzsche con este autor y su influencia en cuestiones de tipo ético. El 8 de julio de 1864 acabó su trabajo y en carta a Deussen se refirió a él en los términos siguientes:

«El lunes por la mañana comencé a trabajar con el ánimo un poco vacilante, y escribí ese mismo día siete grandes páginas; el segundo día por la noche llevaba ya escritas 16; el tercero, 27. ¿No hay una buena progresión en estas cifras: 1 x 7 x 2 x 8, 3 x 9? El jueves y hoy he escrito el resto; son 42 grandes páginas alargadas, que pasadas a limpio darán bien unas 60, acaso más... ¿Qué si estoy contento? No, no. Pero no creo que hubiera podido decir algo mejor, ni siquiera esforzándome aún más. Algunas partes son aburridas. Otras lingüísticamente pobres. Aquí y allá incurro en alguna exageración, como cuando compare Teognis con el Marqués de Posa. He incluido todos los apuntes y extractos que tenía ya hechos sobre Teognis. Lo que más me ha fastidiado es haber tenido a menudo que copiar trozos enteros. Cito tanto a Teognis, que creo que la mayor parte de sus fragmentos vienen citados en mi trabajo.»

Se ha afirmado posteriormente a menudo que Nietzsche vio en el aristócrata Teognis, campeón de la nobleza dórica, una naturaleza próxima a la suya, incluso que la ulterior transvaloración de todos los valores que Nietzsche llevó a cabo tuvo aquí su configuración primera. Pero de todo ello no cabe ni hablar en lo que hace a este trabajo de la época de Pforta. Nietzsche unicamente afirma que Teognis luchó al lado de la nobleza y en contra del Partido popular. Caracteriza a los nobles como los buenos (tous agazous) y al partido popular como los malos (tous kakous). Pero en ningún momento se identifica Nietzsche con Teognis.Todo lo contrario, como puede verse en la caracterización que realiza de Teognis:

«Teognis aparece como un gran señor feudal cultivado y venido a menos, con pasiones feudales, de las que gustaban en su época, lleno de odio mortal contra el pueblo ascendente, golpeado por un destino trágico que le moldea multidimesionalmente y dulcifica su carácter, llevándole a ofrecer la imagen de una naturaleza típica de aquella nobleza de sangre antigua, llena de espíritu, algo corrompida y ya poco tensa, situada en la frontera entre un tiempo viejo y una época nueva; una cabeza de Jano desgarrada, puesto que lo viejo le parece tan bello y codiciable como repugnante y odioso encuentra lo que emerge, con su equiparación de derechos; una cabeza característica de esas figuras nobles que representan a la aristocracia en vísperas de una revolución popular, a una aristocracia que se ve amenazada para siempre en sus privilegios y que se lanza a luchar con igual pasión tanto por la existencia de su casta como por su propia existencia.»



Schulpforta (fuente: http://saale-unstrut-tourismus.de )

Después de presentar su trabajo de validación, Nietzsche, se presenta el 4 de septiembre de 1864 en Naumburg con el curso acabado. Finaliza así su período de formación en Pforta. Su nuevo objetivo: estudiar en Bonn.

En 1887 Nietzsche, recordando su época de Pforta, realiza el siguiente comentario:

«Fui, por término medio, el tercero de mi clase, de acuerdo con el supuesto natural de que el más aplicado es el primero, el espejo de virtudes es el segundo y el ser de excepción el tercero en una institución ordenada de acuerdo con los principios morales usuales.»


En Agosto de 1859, el propio Nietzsche describe en su diario la jornada de los internos de Pforta:

A las cuatro de la mañana se abre el dormitoiro, y a partir de ese momento uno es libre ya de levantarse. A las cinco nadie debe, en cualquier caso, permanecer aún en la cama. Suena la campana de la escuela y los inspectores del dormitorio gritan amenazadores: ¡Levantaos, levantaos, a ver cuando salís!, y no dudan en castigar a los que se retrasan en dejar el nido. Acto seguido todos se visten tan rápida y ligeramente como pueden y se apresuran a ir al cuarto de baño intentando conseguir un sitio antes de que esté totalmente lleno. Diez minutos después del breve lapso de tiempo dedicado a levantarse y arreglarse, se vuelve a las habitaciones, para vestirse adecuadamente. Cinco minutos antes de la media suena la campana por vez primera llamando a oración y a la segunda vez hay que ir al oratorio. Aquí los inspectores imponen orden, antes de que venga el profesor, prohíben hablar y animan a los "primeros", que por lo general llegan mucho después, a sentarse. Entonces aparece el profesor con el famulus que le acompaña y los inspectores le comunican si los bancos están llenos. Suena acto seguido el órgano y después de un breve preámbulo, se toca la canción de la mañana. El profesor lee a continuación algunos pasajes del Nuevo Testamento, algún poema religioso, recita el Padrenuestro y clausura, con algún verso, la sesión. A continuación todos se trasladan a sus habitaciones, donde aguardan cafeteras con leche caliente y panecillos. A las seis en punto la campana llama a clase. Todos cogen sus libros y van a ella, que dura hasta las siete. Acto seguido hay una hora de trabajo o de repaso, como se le llama. Vienen después lecciones hasta las diez, a las que sigue otra hora de repaso y finalmente, clase hasta las doce... A las doce en punto hay que llevar rápido los libros a la habitación, apresurándose con la servilleta por el claustro»... «En el claustro los pupilos se ponen de pie frente a las mesas, de tal modo que se reparten en grupos de doce colocados de dos en dos, y los inspectores ordenan silencio. Tan pronto como el profesor se ha colocado en su sitio, los de la mesa número quince se sientan, y acto seguido todos los demás. Se dan los nombres de los que faltan. A continuación uno de los inspectores dice en voz alta la siguiente oración: Señor Dios, Padre celestial, bendicenos a nosotros y a estos tus dones, que podemos hacer ahora nuestros gracias a Tu bondad infinita a través de Jesucristo, nuestro Señor. Y acto seguido el auditorio entero entona un viejo canto latino: Gloria tibi trinitas! Aequalis una deitas! Et ante omne séculum! Et nunc et in perpetuum! Inmediatamente después se sientan todos y comienza la comida.»

«Cuando la comida es dada por terminada, hay que llevar a la habitación el pan y la servilleta, yendo en seguida, sin perder un minuto, al huerto de la escuela. Antes de la una y media nadie tiene que aparecer por la habitación. De lo contrario, los inspectores imponen castigos muy severos. Primero se mira si ha llegado algún paquete o alguna carta, que el mensajero de Pforta trae a diario, o compra uno fruta con su dinero a alguna vendedora. Después se juega a los bolos en el jardín o se va a pasear. En verano se juega también mucho a la pelota. A las dos menos cuarto se llama a clase y a los cinco minutos hay que estar allí. Las lecciones duran hasta las cuatro menos diez. Inmediatamente después viene la merienda, en la que se da mantequilla y panecillos o puré de ciruelas, bollos, fruta y cosas parecidas. El superior -un "primero"- da a continuación una clase, de una hora de duración, en la que se escriben docimástica - trabajos de clase- griegos, latinos o matemáticos. A las cinco hay una pequeña pausa, a la que siguen clases de repaso hasta las siete. Después viene la cena, igual en todo a la comida... Una vez cenados podemos ir otra vez al jardín de la escucela hasta las ocho y media. Acto seguido viene la oración nocturna y a las nueve hay que ir a la cama. Los compañeros superiores los "primeros" que han perdido una hora dando clase, pueden velar hasta las diez»...

«En verano el domingo transcurre como sigue: nos levantamos a las seis y a las siete menos cuarto es la oración. Después se puede pasear libremente por el jardín hasta las ocho. Luego viene una hora de repaso, que acaba con la llamada de la campana a la iglesia. Acto seguido hay que situarse en el claustro y se va a la iglesia, donde el hebdomadario hace una inspección. Hasta las doce hay luego otra vez libertad para pasear por el jardín, igual que después de la comida, que consta de sopa, fricassee, asado y ensalada, hasta la hora de la oración, que comienza a la una y media. Hasta las tres hay que trabajar de nuevo, hasta las cuatro se puede pasear por el jardín, pero inmediatamente despues de la merienda comienza el ansiado paseo hastas las seis. Una hora de trabajo llena el tiempo hasta las siete. Acto seguido el día termina como de costumbre, con cena, tiempo libre en el jardín y oración»

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